Partiendo desde cierto punto mi historia es un tanto sencilla.
Yo le ame y ella me amó, así fue como nos rompimos el corazón, el tiempo pasó y la vida nos nos mostró cómo sabía la pasión, el tiempo pasó y la piel aflojo.
Encontrarnos después de una época atroz fue un sádico regalo del destino, yo no pude evitarlo porque en realidad nunca pude alejarme de ella, y ella simplemente volvió a mis brazos como si los días dependieran de las estrellas.
Ignorar el pasado tendía a ser fácil, tú sabes, cómo ignorar día a día que la monotonía nos agobia, como cuando tomas una taza de café y te dices a ti mismo que nunca habías disfrutado tanto el humo en tus narices, para ser mas exacto, como fumarte un porro y morderte los labios, sabes que son tus labios, pero lo disfrutas a cada momento.
Pero los años suelen dejar huella en dos corazones que son como la roca, y cada que miramos el camino recorrido es imposible no notar el sendero marchito, esta por demás decir que el amor nunca nos abrazo del todo, o simplemente fue tan retorcido como para sonreírnos mientras se alejaba de nosotros.
Aún recuerdo las ideas que atormentaba mi desvelo, noches de insomnio mirando su respiración y esperando que ella... una noche... sin razón alguna... pronunciara mi nombre, en cambio, ella descansaba, estaba en paz y tranquila y yo?... yo estaba echo un lió justo a un lado de lo que desee toda mi vida.
Ella me pidió que le llevará al fin del mundo
Que le tomara de la mano y volamos al sol
Resolver el laberinto del minotauro
Y cazar un conejo en el país de las maravillas
Ella me pidió que le hiciera feliz
Y yo solo se hacer sufrir 
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